jueves, 29 de julio de 2010

fotos para todos

Digo para todos y quiero decir para todos los interesados, claro...porque esta vez elegí subirlas a Flickr y no en Facebook.

Algunos de uds. ya saben, tengo mi notebook en reparación. No la uso desde hace como 20 días y quién sabe hasta cuándo no la recuperaré. Como estoy usando la PC de padres -o sea quitándoles tiempo de uso a ellos o sea compartiéndola - y es lerrrrrrrda, no me cuelgo tantas horas frente al monitor, y le empecé a dedicar más tiempo a otras cositas, menos digitales y más artesanales. Eso sí, la inspiración la sigo hallando en la infinidad de blogs que leo y sigo a diario.

Acá están las fotos que ilustran lo hecho en estos último días de julio. ¿Dónde? ¡Acá, en este álbum!
Es un álbum público pero los únicos que podrán dejar comentarios son los que tengan cuenta en Flickr; de todas formas el que no tenga y desee comentar algo, deja sus comentarios acá o por mail o por carta postal, como guste.

Una tinysneakpeek:

30 para 30 | fact #9

(queda una semana para los big thirty. guarda la tosca)

En este post voy a juntar dos facts en uno. Los tenía anotados por separado pero en algún punto se unen así que decidí dejar que se unan nomás.

Me ha pegado el viejazo, gente. ¿De qué forma? con unos arranques de melancolía inexplicable. Me encuentro recordando cosas viejas, disfrutadas o no, me descubro recordando a mi kiosquero de la infancia, o paso por mi escuela primaria - mi adorada Escuela N° 23 - entro a ver cómo está después de 17 años y memociono como la más tonta. Me pongo a lagrimear, sí, sí, caminando por los pasillos. En otras oportunidades me acuerdo de mis abuelos, de las cosas que hacía de chica en la casa de ellos. O me pongo a recordar (y analizar) cómo era yo cuando tenía 6 años y amiguitos a rolete. O de mis juguetes. O de las golosinas que comía y los programas que miraba.

En fin, podría seguir enumerando pero ustedes se hacen una idea. Melancolía. Simple y llana. Ahora puedo decir "¡bolóooo, me hiciste volver 15 años atrás!..." y no voy a estar refiriéndome a mi vida intrauterina. Ya tengo un restito como para recordar hechos de hace 20, 25 años, inclusive. Y eso asusta tantito. Pero bien, ¿eh? si, bien. Voy a asustarme del todo cuando pueda decir "hace 40 años yo tenía un blog y unos pocos lectores pero muy fieles..."

*guiño guiño*

lunes, 26 de julio de 2010

autocrítica brutal

Acá ya todos conocen mi debilidad y amor por todos los objetos de stationery, ¿no? ¿Para qué hacer una introducción que estará de sobra?
A los bifes.
El viernes pasado me metí en un librería escolar, a chusmear pavaditas. Se me antojó un montón de cosas pero me llevé un sellito reee laaando, con una libélula en color naranja. Previamente, como yo no me decidía por el diseño, la empleada me sugería uno tras otro, empeorándome la tarea de elegir uno solo.

Diálogo:
vendedora: ¿es para nene o nena?
yo: es para mí...
vendedora: ¿qué?... ¿sos maestra?
yo: no. Chiquilina.

domingo, 25 de julio de 2010

30 para 30 | fact #8

Otro asunto que tuve que asumir hace ya un par de años es que no nací para interpretar música. Ni tocando instrumentos ni cantando. 

Tuve una época de locura musical allá por el 2005, de descubrir cosas que nunca había escuchado, e inmediatamente me picó el bichito de la curiosidad. Necesitaba probar qué se sentía tocando música, y como en ese momento lo que parecía más fácil y accesible eran las guitarras...me compré una (hermosa, criolla común y corriente pero sonaba lindamente) y me conseguí un profesor. Estuve casi un año intentando, en vano, aprender mediante acordes, que jamás me salieron uno tras otro. Bah, ni siquiera sueltos. No había forma. No podía presionar las cuerdas con una y rasgar con la otra, perdía el tempo. Y ni siquiera había intentado LEER música. Era todo con D C E G y ni de casualidad. Creo que nunca llegué a tocar una canción completa. Y si lo logré fue a un tempo exasperantemente lento. Llegué a odiar el "knocking on heaven's door" y dejé, por supuesto. También por la misma época (o antes) empecé a tomar clases de canto, más que nada atraída por el estilo de la profesora, que tenía un trío vocal de jazz (con el cual llegué a cantar en un show de fin de año, vestida como para bailar un charleston y con una boa verde loro al cuello, pero eso...es o-tro-te-ma, para o-tro-post). Allí también. Insistí, infructuosamente, en aprender a cantar, a respirar, a entonar, a sostener una nota. Y me divertía, sí, a lo loco, pero no conseguía buenos resultados vocales. Hasta que me di cuenta que como entretenimiento -puesto que no me interesa conseguir ninguna carrera profesional- me salía un poco caro y dejé de ir. Así y todo, me enteré que era soprano y que llegaba a un Si con facilidad, pero en los ejercicios de vocalización nomás, después de estar 20 minutos repitiendo un "lalalalalá" en todas las octavas posibles (si es que así se denominaban ya que mi entendimiento de la teoría musical siempre fue reducido). Lo más frustrante es que ni siquiera era mala cantando. Mi problema era que no me animaba a probar, a soltarme, a cantar. Me daba vergüenza hacer el ridículo frente a la profesora (que era tan humorista como cantante y no me inhibía en absoluto), desafinar feo aún aprendiendo.

Después de dos años de tenerla enfundada al costado del ropero y temiendo que se deteriora, vendí mi preciosa guitarra (a alguien cercano, al menos) y me di por vencida definitivamente. Lo mío no es la música. Por el bien de mi bolsillo y del oído de todos.

martes, 20 de julio de 2010

Hel arte en invierno

Ando muy embalada en una misión de volver a las fuentes en mi vida. En este caso, a las artes plásticas, artesanías y cosas así. En realidad la palabra posta sería crafts pero no sé si se entiende. Dibujar, pintar, hacer collages, cortar, pegar, jugar con el diseño, los materiales, justamente, plásticos, en fin, reactivar mi lado creativo más allá del teclado qwerty. Encontré repentina inspiración en un par de blogs impresionantemente bellos de minas muy habilidosas. Extranjeras ellas. Y yo, para no ser menos, me metí en la no sencilla empresa de fabricar mis propios sellos, como para arrancar mi nuevo perfil crafty, de la mano de un tutorial muy claro. He aquí los materiales: una goma de borrar blanca (marca Mapped o Stabylo son las más blanditas). Un lápiz 2HB. Un cutter (idealmente se usa una gubia buena y afilada pero la mía es berreta y no ayuda). Un dibujo sencillo y paciencia. Aquí tienen, entonces, my first attempt at handmade rubber stamps (después de éstos, ¡me copé e hice 4 más!).

lunes, 19 de julio de 2010

30 para 30 | fact #7

(aclaración: no van a ser 30 facts, sépanlo. Serán los que sean. Lo de "30 para 30" responde a los días que quedaban hasta el 5 de agosto, día de mi cumpleaños. Una especie de countdown con número redondo, o sea una estupidez sin sentido. Nada más. Prosiga maestro)

Creo pertinente admitir que ya no aprenderé a manejar.
Pasó mi cuarto de hora. No veo en mi horizonte manera de perderle el miedo a la conducción de vehículos ni tampoco motivos para aprender puesto que no tengo auto a mano para manejar (papá, teléfonoooo). Yo ando por la calle y no entiendo cómo tanta gente puede manejar con soltura y facilidad un vehículo, con lo complicada que es la tarea. Cuando cuento este temor mío, muchos me dicen: "aaah, ¿pero vos no usas la computadora y haces mil cosas a la vez? bueno, esto es lo mismo".Sí, deacáaaa, diría Olmedo. Yo, si cierro un navegador por accidente o se me tilda un programa o lo que sea, ¡NO MATO A NADIE! sobre todo no me mato a mí misma. En cambio cualquier mínimo error al volante puede causar desde un rosario de insultos precedido por un bocinazo a... muerte o heridas. Y prefiero no meterme en esos problemas.

Recuerdo que hace algunos años (8 o 9) un novio intentó enseñarme a conducir, con una gran cuota de paciencia y confianza en mí, debo reconocer, ya que prestó su auto para la ocasión. Un bote LARGUÍSIMO que pude conducir sólo unas vueltas dentro del Parque de Mayo, con un cagazo de padre y señor mío. En primera. Más perdida que Papá Noel en La Meca. Y después de esa (in)olvidable experiencia nunca más me puse al frente de un volante.

Así que, ya me la veo venir, será una frustración más en mi vida.

sábado, 17 de julio de 2010

30 para 30 | fact #6

Uno que me tomó de sorpresa.
Ya no me simpatiza tanto el invierno.
El frío excesivo me apachucha, me quita energía vital y si está nublado, peor aún. Me cuesta salir de la cama, de la casa, a la vida, podría decir.
Con esto no quiero decir que ahora me gusta el calor y el verano.
No.
Ni a palos. Ni por guita.
ODIO EL CALOR y su maldito verano (o viceversa).
Lo que quiero decir es que antes yo amaba, esperaba, deseaba que llegara el invierno. Siempre digo que el frío es más sencillo para paliar, que uno se emponcha, se pone a hacer cosas, se mete entre las mantas de la cama, y ya. Pero ahora estoy sufriendo el frío como una cualunque. Sufro frío esperando el colectivo. Dentro de la cama. Desayunando. Almorzando. En la PC. Si no me siento prácticamente encima del calefactor no puedo estar cómoda.
Ahora podría decir que el invierno (si alguna vez me enloqueció) ya no me copa. No me gusta estar cagada de frío todo el tiempo. Guantes de lana, cuellito y gorro no son suficientes (ni cómodos).

Cuando me pregunten esa odiosa pregunta: ¿qué preferís: el calor o el frío? yo haré un asterisco, una nota al pie y aclararé que ODIOELCALORYELVERANO, pero que ahora el invierno me resulta contraproducente y que le voy al otoño o primavera de mil amores. En Invierno amo la primavera. En verano ansío el otoño.

Me quedo en los intermedios. Eso.
Brrrr!!!!

viernes, 16 de julio de 2010

30 para 30 | fact #5

Algo grave que me viene pasando hace tiempo: no me salen las palabras en el momento en que las preciso. Me pongo a elaborar una idea y de la oración me salen 10 palabras. Las otras 10, nunca sé dónde están. Yo, que trato de no usar muletillas, que me esfuerzo por usar palabras que han caído en desuso, estoy como las viejas (con todo el respeto que me merecen las viejas en su totalidad), al borde de armar toda una conversación en base a las variedades de "coso": "alcanzame la cosita ésa... la que me regaló coso", poniendo cara de indignación cuando mi interlocutor/a no me entiende. O peor, en una situación donde debo expresarme con altura y el diccionario me abandona en pampa y la vía. Y me quedo diciendo: "ay, no me sale la palabra..."

Papelonazo.

Estuve elaborando teorías que expliquen este repentino vacío de léxico que me aqueja.
Una puede ser que porque tengo acumulada demasiada información inútil en la cabeza. A veces tener buena memoria no es TAN  bueno, porque la mente se pone selectiva con los años, y empieza a dar prioridad a datos menores del tipo "en el kiosco de calle X se consigue el alfajor Vauquita Capuccino" pero te hace olvidar de una palabra como estoicismo, por ejemplo. Y te caga el remate de una idea.
Otra es que esto de andar enamorada del idioma inglés me haya robado lugar para acumular vocablos del castellano. En muchísimas ocasiones me he visto usando una palabra en inglés porque la del español no me salía ni de casualidad. O me resulta más accesible pensar directamente en inglés porque he tenido que ESTUDIAR vocabulario en inglés. El castellano uno lo aprende a los golp...no, sin darse cuenta. Eso.

¿Habrá que recurrir a un backup? ¿bajar información no tan vital a un dvd y dejar el espacio libre para cosas más relevantes?

martes, 13 de julio de 2010

30 para 30 | fact #4

El mes pasado ocurrióseme retomar mis clases de danza tan adoradas. En realidad no en el lugar que iba antes sino en uno acá en mi ciudad. Un día danza clásica, el otro danza jazz. Nada muy profesional (del lado de las alumnas, me refiero), más bien puro divertimento. Pero la alegría de vivir medio que se te evapora cuando ves que no sólo la pelota no dobla sino que tu pierna ya no sube más a la barra con facilidad. Confirmé que aquella elongación que supe tener (sí, a los 10 años, ja) ya no la recupero más, ni a golpe seco de ablandador de carne para milanesas.

Es notable cómo los años de estudiante (silla + estudio + apuntes + sedentarismo físico + abuso de ejercicio neuronal + fiaca + PC) han hecho mella en mi flexibilidad y me parezco más a un tubo fluorescente que a una bailarina gracil.

Todo tira, duele, que la cadera no rota mucho más, que el grand ecart no sale ni con asistencia del S.O.S del ACA, que estiro el pie y se me acalambra, que el roll para atrás no porque el cuello no dobla. Y salgo de la clase con mi autoestima por el subsuelo. ¿Masoquismo? sí, algo de eso hay. Más cuando tenés una compañera de 53 años que se pliega como una barrita de plastilina sin problemas.

Por eso, a esta altura de la vida, pongo todas mis fichas en mi buena memoria para recordar las coreografías, una gran cuota de gracia y algo de técnica aprendida con los años. No me pidas más que eso porque...ya fragüé y no me devuelven el dinero.

lunes, 12 de julio de 2010

Por fin, desayunada

Después de mucho tiempo, y sin darme cuenta, terminé de leer "Breakfast at Tiffany's".

Lo compré en BA en agosto del 2009 y lo empecé a leer en más de una oportunidad pero no me atrapaba mucho, habiendo visto la película protagonizada por Audrey Hepburn. La parte donde se cuenta la fiestita en su departamento con Rusty Trawler y Mag Wildwood y no sé cuántos más me resultó laaaarga y tediosa y siempre me rendía allí. Dejaba el libro abandonado. Hasta que hace pocos dias retomé su lectura y para mi alegría, me entusiasmé. Aún me faltaba bastante pero la historia, sin embargo, debía estar terminando. Y de repente, puf, se me acabóla novela, no así el libro, que después traía 3 cuentos de Capote y yo no me había percatado. Y repentinamente me vi encantada por la historia y sorprendida porque pensé que me faltaba más. Y porque quería más. Sobre todo considerando los diametralmente opuestos finales de ambas obras (libro original y película, que había visto el año pasado, motivo por el cual quise comprar el libro. O sea).
Así las cosas, puedo reconocer que me gustó más el libro. O quizás me gustó porque leí todas sus páginas imaginándome a Holly con la cara de Audrey, con sus frotaciones de nariz, sus ojos de nena traviesa asomando por arriba de los lentes negros, el gato -oh, el gato, ¿por qué abandonarlo?-, sus visitas a Sing Sing.

Ahora lo extraño. Eso es muy buena señal.

(Ésta es la foto que trae la tapa del libro y me gustaba cruzármela cada tanto en mi mesita de luz)

30 para 30 | fact #3

(por si recién llegás a este blog y no entendés de dónde salió esto de los facts, acá está el post que lo explica, o lo intenta)

Estuve esperando un tiempo prudencial para postear sobre este fact. Para hacer un double check. Por si acaso era algo pasajero. Por si las moscas. Pero no. Ya está confirmado.

No soy más talle 36 de pantalones. Ahora soy un honroso 38. Tampoco es la muerte, no, claro. Pero después de tantos años usando ese talle...de tener TODOS mis pantalones en ese talle, ahora me veo en la obligación, primero, de dejar de usar un jean que compré el año pasado muy bonito (y los otros también), y segundo, de comprarme pantalones nuevos. Porque no puedo andar de jogging todos los días ni en todas las ocasiones. Mucho menos con calzas con esta ola de frío polar que carcome los talones.

Y no es que haya engordado porque no es mi estilo. Será que creció mi cadera. O que me hinché. La cuestión es que incorporé un jean elastizado talle 38 a mi guardarropas, cuando yo los había esquivado deliberadamente. ¡Son de lo más cómodos! Pero ante la bronca por no caber más en un talle 36 sumada a mi ignorancia textil, cometí el error de creer que al lavarlo iba a contraerse apenitas, como para que no me quedara tan flojito y no, el strecht no contrae ni cede. Quedó donde estaba. Flojito. Conclusión: ¿elastizados? talle 36. ¿comunes?: talle 38.

Sí, es todo un tema.

jueves, 8 de julio de 2010

30 para 30 | fact #2

Ya no necesito despertador.
Así como leen.

Hace tiempo vengo notando que si debo levantarme temprano a la mañana, me despierto sola un tiempo prudencial antes. A veces una hora antes, en función de la ansiedad que me produzca el evento que causa el madrugón. Así y todo, diría que en todas las ocasiones, la noche anterior SIEMPRE sueño que me quedo dormida y llego tarde, y sueño las excusas que doy y todo.
Sí, loca de remate. Pero igual, me despierto antes. Mi reloj interno debe estar seteado en otro GMT que no es el de Buenos Aires - Georgetown.

Y a pesar de mis pesadillas, es una feature bastante útil, la mía. Un día incluso me puse a prueba. Me fui a dormir sin poner la alarma del despertador (lo que debía hacer al día siguiente no corría grandes riesgos si llegaba tarde) y  me desperté antes.

¡Era hora de que mi organismo se diera por aludido, después de tantos años de alarmas odiosas!

miércoles, 7 de julio de 2010

30 para 30 | fact #1

Hace tiempo que, por teléfono o personalmente, me dicen "señora". Y no un nene de 5 años. No, cualquiera, personas mayores que yo o de la misma edad. Y a mi me choca un poco. Porque no doy con un perfil de "señora" ni me siento tal. De hecho a las mujeres de 30 y pico yo aún les digo "chicas" (o mina, flaca, tipa si estoy en confianza) pero jamás se me ocurriría decirles señoras, ¡por más casadas que estén! A los hombres tampoco, para el caso.

Yo tengo cara de 25 años, me visto con ropa mas bien informal y zapatillas, y por sobre todas las cosas soy soltera. Entiendo que me lo digan por respeto pero...no es necesario decir "Joaquincito, dejá pasar a la señora".

Me enerva un poco.
Si aún estoy en los veinte y ya me ligo ese mote, ¿qué tendre que esperar para cuando tenga 50?
De todas formas, elegí preocuparme en serio recién cuando me empiecen a ceder el asiento en el colectivo.

lunes, 5 de julio de 2010

30 para 30

Es así.
A partir de hoy, me quedan 30 días para cumplir 30 años.
Y no es cualquier cumpleaños, parece. Cumplir 3 décadas, primero, es una alegría, sí, según dicen es la mejor edad, blabla (liars!), pero también marca un hito, digamos, que a esta altura uno tiene que tener el pescado vendido, los pasajes comprados, las reservas hechas...y yo vengo medio flojita de papeles. Pero bien, igual. Vamos hacia adelante, que no es poco. Y hemos vivido (yo y mis circunstancias, claro) los 30 años con la cabeza en alto (porque soy baja y no llego).

Aunque digan que aún soy joven y todo eso (lo sé, lo sé), ya a esta edad me doy cuenta de ciertas cosas. Cosas que ya son así y no cambiarán más, cosas que descubrí y debo darles la bienvenida porque vinieron para quedarse. Hechos. Facts, que iré contando aquí, en estos 30 días que me separan de mi próximo vencim...cumpleaños, en el cual, ya avisé, quiero RECIBIR MUCHOS REGALOS. No tienen que ser espectaculares ni caros. Desafío a sus creatividades y magros bolsillos a usar la ca-be-za. Y por si acaso sus cabezas no tiran una sola idea, les dejo acá una wishlist (que encuentran, además, en la barra derecha), armada concienzudamente (?) y con dedicación, para que después no crucen de vereda al verme venir por la calle con el fin de evitar el "no ssssabía-qué-regalarte".

Sí, ya sé. Soy una pedigüena, interesada, caradura. Todo lo que quieran, peguen que me la banco. Pero cumplo 30 y quiero resarcimientos, cariño, consuelo, pésam...

Los que están cerca, ya saben dónde entregármelos.
Los que están lejos, me escriben en privado y vemos la forma de que el regalo llegue a buen destino. O sea, a mí.

Hasta mañana, con lo que será el primer fact.

viernes, 2 de julio de 2010

melancoviernes

Anoche, mientras intentaba luchar contra el dolor de cabeza y dormirme, no sé bien por qué, me acordé del kioskero de mi barrio. El que yo frecuentaba de chica.

El kiosco se llamaba "Los Rosarinos" pero para todos - grandes y chicos - era "el kiosco de Don Agustín", quien naturalmente era oriundo de Rosario, pero para una nena de 7 años, la palabra "rosarino" no implicaba ningún gentilicio. Era el nombre del negocio nomás.

Don Agustín era un señor grandote, gordo, de manos rellenas. Buenazo aunque a veces de pocas pulgas. No recuerdo su apellido, si es que alguna vez lo supe. Su local era chiquito pero ahí encontrabas lo-que-buscaras: golosinas, figuritas, galletitas, cigarrillos, juguetes, artículos de librería, regalos, algo de almacén y farmacia (cuando no estaba prohibido vender medicamentos fuera de las farmacias, claro) y revistas. TODAS. Era EL lugar para conseguirlas. Las traía a pedido. Y la mayoría de las veces, si la tenías encargada, te la traía a tu casa en su motito.

Lo que más recuerdo de él es que, en vez de usar bolsitas de nylon, él armaba unas con el papel que envuelve los paquetes de 10 atados de cigarrillos. Los cortaba al medio y con cada extremo, fabricaba una bolsita, para darte los caramelos, por ejemplo. Ya en los 80 "Donagustín" tenía conciencia ecológica y reutilizaba.

Me pasé muchas siestas de verano haciendo guardia en la puerta esperando a que abriera para comprar las figuritas de Frutillitas o alguna otra que no recuerdo. Por día, iba como 10 veces al kiosco. Tanto así que mi mamá decía que yo había dejado un surquito marcado en las dos cuadras que me separaban del negocio.

A Don Agustín le compré, primero, la Anteojito. Después la Billiken cuando me aggiorné un poco. Y por último la AZdiez.Y lo volvía loco con mi ansiedad porque la revista no llegaba el día indicado (o seguramente porque yo de la ansiedad iba como 3 días antes a preguntar si ya había llegado). Mi mamá durante años le compró la revista Humor hasta que no se editó más.

El día que me avisaron que Don Agustín había muerto no me lo olvido más. Fue la primera vez que me golpeó fuerte la muerte de alguien cercano. Recuerdo que me quedé helada, con el teléfono en la mano. Sentí un vacío violento en el estómago. Y mucha, mucha tristeza. Y eso que yo ya era grandecita, tenía 15 años más o menos.

Después el kiosco quedó a cargo de su esposa, que no era tan simpática como Don Agustín pero se las arregló para sobrellevar su propia pena y atender a los clientes. Tiempo después el kiosco cerró. Estuvo varios años con las persianas de metal bajadas.

Luego allí hubo otros kioscos efímeros. También hubo una veterinaria y finalmente ahora hay una casa de lanas.

Y yo, aún después de tantos años, paso por allí (aunque ahora no me quede de pasada camino a la escuela) y me acuerdo del alero con la inscripción "Los Rosarinos" en blanco, con fondo verde y la publicidad de Sprite al costado.

Jamás ningún otro pudo reemplazar lo que significaba ese kiosco para esta parte del Punta Alta.

PD: felices 112 años para mi ciudad!