viernes, 18 de septiembre de 2009

La pinta NO es lo de menos

En alguna etapa de la vida, a todos, se nos ocurre cambiar de look. Y no me refiero solamente a cortarse el pelo drásticamente o a gastar 300 mangos en un par de zapatos modernos rojo carmesí con lunares verdes.

No.

Yo hablo de algo más radical y completo.
Un cambio sustancial de estética.
De mirarse al espejo y decir: "no puedo seguir usando este pantalón cargo por mucho más tiempo".

Porque uno se cannnnsa de verse siempre igual, o usando la misma paleta de colores que, en mi caso, fluctúa entre los verdes, marrones, grises, negros y blancos. Lo dicho, un embole feroz. En la única prenda en que puedo volverme absolutamente loca sin preocuparme por parecer loca es con las medias. Ahí me animo a lo más extremo.

Entonces, se me plantea el dilema: necesito un cambio, sí, ¿pero cuál?
¿A cuál estilo adherir?
Porque comprarse todo un guardarropas nuevo, a la que te criaste, a la bartola, puede llegar a ser un tanto oneroso. Por lo cual hay que estudiar previamente las alternativas de forma tal que, al momento de renovar el 10% inicial de las prendas, ya sepamos a qué apuntar y en qué negocios entrar.

Debo poner en acción un estudio comparativo de estilos, modas, looks, "tendencias" (palabra que detesto, ésta). El segundo problema reside en reconocer cuáles de ellos no me serán favorables, porque por más flaca y estilizada que yo sea (ppppppfffff!!) SIEMPRE hay ropa que no me queda bien.

En los ultimos 15 años creo que he pasado por varios estilos: fui nena de trencitas y calzas, fui hippie, después señorita delicada de cartera y taco alto, más tarde me simplifiqué, opté por la comodidad del jogging a toda hora, y ahora por último soy una mountain girl.

Siempre dándole el toque personal y escapando de las modas acérrimas. Porque odio andar vestida con lo que usa todo el mundo femenino a mi alrededor, porque es un quemo, porque si es muy gritodeultimamoda al año siguiente ya no me sirve y yo, señores, soy de las que tienen ropa en el placard durante decenios. Sin ir más lejos ayer me puse una polera de lana violeta que compre en 1999. Diez años tiene la guacha. Y no hay caso, todos los inviernos me la encuentro en el ropero, muy canchera, como diciéndome: "a ver si sos tan guapa de librarte de mi". Y no, no soy TAN guapa. Aunque el escollo mayor sería que no llevo un control sistemático de lo que tengo dentro del placard. Y me da muuucha pereza seleccionar, renovar, regalar.

Vuelvo al tema original (me voy por la ramas como Clementina en verano).

Hoy, de casualidad, me miré al espejo y, además de la cara de demacrada por sueño atrasado, ojeras por el piso, el pelo arremolinado por la humedad, estaba vestida con la ropa menos encantadora posible. Y no me gustó esa dejadez, no me gustó verme enmohecida a pocos días de la primavera.

Pensé, mientras caminaba al trabajo (el primer causante de que yo esté en ese estado calamitoso), que ya sería hora de renovar un poco el aspecto. Que no es tan dificil de conseguir. Quererse un poquito, esmerarse algo, por una misma y para los demás también, al fin de cuentas una prefiere que la quieran, ¿no?


Y con esa consigna me quedé.
Pensar, como si fuera un lienzo en blanco, un block de notas nuevito esperando ser escrito por primera vez, qué nuevo look podría adoptar, que me renueve las ganas de preocuparme por lucir mejor y me ahuyenten las ganas de suicidarme con una Criollita partida toda vez que me cruzo accidentalmente con un espejo.

PD: el look flogger y el EMO están absolutamente descartados de plano, ofcors. Probablemente la primavera verano 09/10 me vea transformada en una joven Para Tí. Veremos.

1 comentario:

  1. También yo soy de los que la ropa le dura hasta casi convertirse en pieza de museo y de los que pasa olímpicamente de la moda, no creo en ella sino en "esto me sienta bien y esto otro no"

    De todas formas, vengo con una propuesta para vos, ideal para la brotante primavera.

    Pase por aquí

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