jueves, 3 de abril de 2025

Las vueltas de la vida

A veces sucede que la vida te ofrece una oportunidad de revancha. ¿A qué me refiero? Pues déjenme que les cuente.

Por esas vueltas de la vida, recientemente me encontré compartiendo una clase de inglés - yo voy a practicar conversación e improve fluency; el resto no sé - con varias mujeres que fueron mis profesoras en el colegio secundario. Al principio me resultó algo incómodo; me sentí apenas inhibida por su presencia y no entendía bien por qué. Yo ya soy una adulta hecha y derecha y lo que ellas potencialmente opinaran de mí me tenía sin cuidado. Hasta que me cayó la ficha. 

No tengo buenos recuerdos de ellas como docentes. Habían adoptado una postura autoritaria, mala onda. Las clases con ellas, aunque sus materias eran de mi interés, no eran disfrutables. Está bien, no las culpo por presentarse así, intransigentes y a cara de perro. Mi curso estaba plagado de delicuentes juveniles, vagos de alto calibre que no solo no hacían un corno sino que además molestaban. Tenían que ser así porque si no los pibes se las comían crudas. Pero yo sentía que ese trato era injusto para conmigo, porque era una alumna aplicada e interesada en aprender, más que nada. Me gustaba participar en clase, cumplir con tareas y deberes. Los demás... en fin. Tenían en mente solo fumar porro, tomar cerveza y planear la próxima salida nocturna. Me chocaba tener que bancarme la antipatía, los retos y gritos, los repentinos exámenes castigo y similares tiranías por culpa de los demás. 

Adelantemos la película 30 años. Ahora, esas señoras son MIS COMPAÑERAS. Por esas cuestiones del destino, ellas a sus setenta y pico de años, y yo a mitad de mis cuarenta, somos parte del mismo espacio. No ya ejerciendo su rol de autoridad sobre mi rol de sometida académica sino - gracias Introducción a la Antropología I por enseñarme estas cosas - compartiendo el mismo rol en la estructura social de la clase. ¿Y saben qué? Yo tengo mayor dominio de Inglés que ellas. Bastante mayor, ejem. Cuando las escuché por primera vez intentando hilar dos frases en ese idioma, secretamente me sentí reivindicada. Fue una escena que repetí mentalmente en slow motion durante las dos horas de clase. La justicia existe. Por supuesto, están ajenas a este cambio de roles, pues ni recuerdan que yo fui su alumna. Entre tantos que tuvieron...

A diferencia de ellas, no sonrío de satisfacción cual gato de Chesire ante sus fracasos ni me froto las manos como el maquiavélico Mr Grinch porque no aciertan los tiempos verbales. Yo, calladita y afable. Las ayudo cuando puedo. Les tengo paciencia. I am the bigger person. I take the high road. Mi proceso va por dentro. 


domingo, 30 de marzo de 2025

En mis ratos libres

Bueno, ya está, me decidí a seguir posteando acá, cuando las ideas surjan. Con el post aniversario anterior recibí varios lindos comentarios y uno en particular (gracias, Vero) me alentó a volver a escribir acá mismo, a concretar ese deseo que expresé de volver a los good old blogs de antaño (ja! "antaño", ya... y sí). De nuevo, no tengo idea si alguien lo leerá, pero eso ya no debería detenerme.

Antes de adentrarme en el tema que me trae a estos caracteres en esta otoñal y nublada tarde de domingo (perfecta ¿eh? de fotito) les quiero compartir, a ver si me sale, una playlist de jazz standards preciosa, con lo mejor de lo mejor, ideal para musicalizar la blue hour de hoy. 


Todo parece indicar, según me muestra la vista previa, que ahí efectivamente inserté un reproductor de Spotify con dicha playlist. Después me cuentan si lo ven y funciona y les gusta. 

Pongan play y a leer. Yo quería preguntarles algo. Ustedes ¿también tienen dificultades para elegir qué hacer con su tiempo libre? Yo, últimamente (eso es, en los últimos 20 años), tengo serios problemas para decidirme porque las opciones son practicamente infinitas. Por suerte y por elección personal, mi tiempo libre me pertenece siempre. No tengo que resignarlo ante nadie que demande mi atención. Entonces, mi mente quiere aprovechar ese tiempo libre al máximo. En principio, para sacarle partido al rato de paz y silencio que de repente se generó en la casa. Me digo "ah, genial, puedo sentarme a leer un rato". Pero también creo que es un buen momento para ponerme al día con Youtube - sigo una cantidad ingente de canales y los vlogs se me apilan semana a semana-. Pero no, no voy a desperdiciar horas de luz natural mirando una pantalla luminosa, no. Eso lo dejo para la noche. Ah pero yo también quería mirar alguna película, tal vez esa otra de Nani Moretti que me queda pendiente... no, hoy no, se ha puesto muy dramático con los años nani, otro día... pero mejor, ¿por qué no le dedico un rato al dibujo? ¿eh? sí, que compré unos pasteles al óleo nuevos y quiero probar como se ven en la hoja... ah, pero no te olvides que tenés un audiolibro esperando en Audible, que el free trial se termina y MOMENTO. ¿No dijiste además que ibas a probar esa receta de banana bread?  Cierto, sí... Pero si me pongo a hornear a esta hora no lo voy a poder comer a la tarde con el té. Y tampoco podré salir a caminar un rato, para ventilar mi cerebro post faringitis y estirar las piernas (qué de vieja eso de estirar las piernas, por favor). No, caminar hoy no, qué fiaca, yo quiero estar piola en casa, pottering about. Ah ¿y no ibas a pasar la aspiradora en la habitación y guardar la ropa de verano? Sí...y podrías postear algo nuevo. 

Así es el contenido de mi mente, usualmente. No solo los domingos a la tarde. Y eso solo representa una media hora de mi día. El resto del día, el espiral de aprovechar bien el día continúa, incesante. Me dedico a hacer listas para bajar la información al papel y así reducir el nivel de ansiedad que me azota, porque sí, yo siento como si mi cerebro me cagara a palos con ideas y proyectos constantemente, que no me deja estar en paz ni los malditos domingos. Es que... el domingo, acá en esta ciudad chica y de pocas opciones, es un portal gigante a la nada misma. Hay que autogenerarse la entretención porque si esperás que el pueblo te tire un algo interesante para hacer, vas muerto. Ir a tomar un cortado al café nuevo y leer ya no es novedad y los domingos, mamita, se llena de gente en grupos que hablan fuerte y distraen.

De todo eso que enumeré, al final logré hacer el 70% de las cosas, medio a mi pesar. Dibujé, leí libro en papel, terminé un audiolibro y empecé otro, guardé la ropa (qué placer mundano me da archivar la ropa de verano hasta diciembre, good ridance), miré vlogs, escribí un post y al día aún le quedan unas 5 horas útiles. 

¿Es solo mi mente la que funciona así de agitada? Yo ya no sé qué más hacer para calmarla. 
El banana bread está en el horno, después les cuento cómo me salió. 




lunes, 24 de marzo de 2025

Que 20 años no es nada...

 ¿Habrá alguien acá aún, leyendo? ¿Alguien que siga suscripto por mail y esto le llega sin que yo sepa?

No sé bien para qué o quién escribo esto pero no quería dejar pasar la oportunidad porque, aunque el tango diga que 20 años no es nada, es la mitad de mi vida, año mas, año menos. El 6 de marzo pasado se cumplieron 20 años desde que abrí mi primer blog, Piel de gallina. Con el empecé mi vida online, que luego se multiplicó exponencialmente, con blogs por todos lados y redes sociales. La cantidad de COSAS que he hecho en estas dos décadas en internet... No me da vergüenza admitir que, a veces, leo mis posts viejos en este blog y lloro de risa con mis propios textos. Y sí... Tenían su onda.

A fines de febrero me acordé de este inminente aniversario redondo e importante pero después pasaron los días y me olvidé. Igualmente, antes de que termine marzo quería hacer un post especial y decidí que este espacio era el indicado. Acá, donde empecé mi camino. Soy conciente de que no posteo hace raaato. El otro día cuando entré a Blogger, a ver qué pasaba, si aún existía el dashboard aquel, me reencontré con la lista entera de blogs que tuve. Que tengo, en realidad porque aunque no actualice, ellos siguen ahí, en la nube. Estaba este, por supuesto, mi primogénito. Estaba Le Monde Esthétique, que tantas alegrías me dio en su vida; estaba el hermoso proyecto de fotos que hicimos con Lulú Olazabal y había ¡otro blog! ¡Que no tenía registro de haber creado! En ese, que llamé "A journal", ya en 2014 posteaba en inglés y no me acordaba. 

Piel de gallina nació con tanta inocencia en el 2005... era una época tan bonita. Creo que alguien me había estado sugiriendo "vos tenés que abrir un blog". ¿Será que yo ya "bloggeaba" en emails? No recuerdo qué fue lo que motivó a ese alguien a darme el empujoncito. Y ese verano, me animé y armé un blog. Escribía acá con tanta naturalidad, con mucha frecuencia, cuando me surgía una idea, fuera corta o larga, me sentaba y redactaba. Sin filtro ni preconceptos de cómo debía ser un post. Yo hacía la mía, porque además no había muchos otros blogs de referencia. Eso vino después. Piel de gallina no tenía muchos lectores pero de a poco fue ganando una audiencia fiel y amistosa. Me conectó con gente de todo el mundo y conocí más blogs, que encontraban el mío de pura casualidad, supongo, porque no exitían las redes sociales para promocionar. El botoncito aquel de "siguiente blog" que blogger agregaba arriba a la derecha te invitaba a descubrir algo desconocido pero era, basicamente, cuestión de esperar y participar en otros blogs. Era una actividad a escala humana. Un lector comentaba, iba a ver su blog, dejaba comentario, alguien más te leía y así se iba armando la famosa red. Era una comunidad linda, sin agenda. 

Creo que tanto yo como todos posteabamos porque era libre y gratis y eso en esa época era novedoso, impensado. A nadie se le ocurría ganar dinero contando lo que le había pasado el jueves a la tarde.

Me da mucha satisfacción haber formado parte de esa época de oro de los blogs, había TANTO para leer, tanta gente cálida y con energía de compartir. Porque ese era el objetivo que teníamos: compartir. 

Después llegaron Facebook y Twitter e Instagram, Youtube estalló y la cosa cambió. Durante unos años sostuve todo esa estructura, como pelotitas en el aire, pero ya era insalvable y me cansé. Lentamente el público se puso fiaca y dejó de leer posts largos. La foto con caption breve le ganó por pulseada a los blogs. Y entremedio de todo eso, algún mastermind inventó la figura del influencer (*eyeroll*) y chau. Se acabó lo que se daba. Las redes sociales de golpe se dividieron en dos categorías: los "privilegiados" que se consideran dignos de influenciarnos para consumir cosas que a ellos les regalan o pagan por vender, y del otro lado, nosotros, los giles que solo tenemos capacidad de consumir. A nosotros ya nadie no presta mucha atención. A mis fotos en instagram ya casi nadie les da bola, nadie comenta ni participa. La sensación de comunidad que tenía en los blogs a principios de los 2010 desapareció para nunca más volver. Me quedé sin interlocutores. Y por ende, sin muchas ganas de compartir.

Sin embargo, no claudico. Como tantos otros, me sumé a la movida Substack, sin muchas esperanzas. A veces publico cosas pero con poco convencimiento. Veo mucha gente que creyó que Substack sería la panacea ante tanta red social idiotizante (a vos te estoy miro, tiktok) pero yo ya no idealizo nada. Eso también, que empezó como una plataforma para escribir newsletters para suscriptores, rápidamente se volvió yet another red social llena de gente vendiendo cosas y creyendo que tiene la posta de algo. O todo. Y sumaron opciones muy parecidas a Instagram o Twitter (nunca voy a decirle X, sepan disculpar) para que nos pasemos interminables horas scrolleando como nabos, leyendo cosas que no elegimos seguir. Además de los que agregan paywalls a sus publicaciones, ¡como si yo fuera a pagar en dólares para leer un post! No sé. No logro hacerme a la idea del suscriptor que paga. Yo sé que publicar un post lleva mucho laburo de redacción y edición de fotos y demás, y que hay gente que no quiere laburar gratis. Tengo un dilema interno con esto desde hace rato. Quiero entender y apoyar (moralmente, nada más) a esos que deciden cobrar por sus newsletters pero mi cerebro me dice: "che pero bloggear era gratis y libre..."

No pierdo la ilusión de volver, algún día, a aquella época. Quién te dice, capaz que en un futuro no muy lejano, algunas personas realmente se pudren de los audios trendy y los videos virales y los paywalls y los #ad y los #sponsoredcontent y vuelven a tener ganas de compartir posts por el mero hecho de expresarse libremente. Como era al comienzo de todo. 

Si aún estás ahí leyendo, te agradezco enormemente y te mando un abrazo. Solo eso. Gracias.