sábado, 27 de agosto de 2005

No hace nada...

Sí, lo que vos quieras, pero...
A ver, ¿por dónde empiezo? ah, ya sé: nunca tuve perros. Por falta de espacio, de césped, de voluntad de mis viejos, de "alguien que lo cuide si nos vamos", etc. Lo más parecido a una mascota que alguna vez tuve en casa fue un par de hámsters que si bien parecen inofensivos a simple vista, te regalo las mordiditas que pegaban los turritos con esos dientes larguísimos que parecían crecer constantemente y com...uy, me fui al cuerno. Vuelvo.
Nunca tuve perro. No sé cómo se trata un perro. No me llevo con los perros. Ni yo con ellos ni ellos conmigo. No hay onda. Feeling. Piel. Lo que se te cante...no hay. Ergo, cuando uno se me aproxima a más de lo deseado (léase: metro y medio) y encima osa emitir un ladrido, aunque breve e insignificante, yo...me paralizo en el mismo segundo, sin que nadie me diga nada. Lo curioso es que me encantan los pichichos, pero no confío en ellos. La típica escena: vas caminando por la vereda del barrio, sale un can al cruce y te torea. Si me dejara llevar por el impulso primaaaaaaaal, le patearía el tujecito ese peludo como pa' que aterrice non stop en la vereda de enfrente, pero no...porque seguramente ese animalitoedió tiene dueño y anda cerca. Entonces, me detengo y lo miro, como intentando leerle la mente (¿qué mente? ¡POR DIOS!), a ver si me ladra pa' morfarme la pierna derecha o porque le caí simpática o porque me quiere olfatear mis partes (como hace la perra de mi profesor de guitarra, que ya me tiene harta, perra degenerada) o porque no tiene nada más interesante para hacer. Claro... es un rope. ¿Qué otras nimiedades puede hacer un perro que no sea ladrar y olfatear?. Bien, la cosa es que por más que el animalito en cuestión sea del tamaño de un control remoto, por más que su amo me diga: no te asustes! no hace nada! vení Toby! yo, le desconfío. Yo no sé que espera el coso ése de mí. Y por ende yo no sé que pensar de él, aunque me mire cándidamente con sus ojitos de cocker marrón poco original. No. Es más fuerte que yo. Es un reflejo. El can se me acerca e ipso facto, yo me detengo, mutis por el foro y hacemos contacto visual (eso es lo que yo supongo...andásabé que está pergeniando la bola de pelos ésa). Luego espero unos segundos para ver que hace él, a ver si puedo zafar ilesa de ese momento de zozobra faunística, si puedo evitarlo caminando lentamente por el costado, si me sigue, si me ignora, si se relame con cara de venganza, onda: ¡esperá que vuelvas nomasssssss, ñaj ñaj ñaj! (ups, tengo que aflojarle a los libros de Stephen King) o si se distrajo persiguiendo su propia cola. En fin...es todo un tema éste.
Varios me han dicho: "si el perro nota que vos estás nerviosa o le temes, es peor"...¡PERO MIRÁ SI YO ME VOY A PONER A ANALIZAR LO QUE SIENTE EL PERRO EN ESE MOMENTO! por favorrrrr, ¡A mí sólo me interesa salvaguardar mi integridad física!.

(claro, ahora que releo todo lo que acabo de escribir ahí arriba entiendo... cómo voy a tener onda con los perros si soy una desnaturalizada...)

2 comentarios:

  1. hmmm ... a mi me gustan los perros... has ya provado mirar bien en los ojos del perro? de esta manera se puede aunque leer sus pensamientos..

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  2. No te hagas problema Vix, ya vamos a regalarte un perro para que aprendas que cuando vos querés darle pelota él no quiere y cuando vos estás ocupada anda dando vueltas a tu alrededor pidiendo un poco de atención. Y en eso creo que es en lo que más se parecen a los humanos.

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