sábado, 14 de marzo de 2009

Teorías de la comunicación

Si hay algo que me molesta sobremanera, que me violenta, que me saca de las casillas (entre otras tantas cosas, sí, ya sé) es que alguien me hable VIENDO QUE TENGO LOS AURICULARES PUESTOS EN LAS OREJAS. Porque no es que llevo los auriculares encanutados, escondidos en la ropa. No. Están a la vista. Y yo soy muy perceptiva pero nunca tengo ganas de leer los labios cuando la gente me habla en esos casos. El problema en sí no es que me hablen, por favor (nunca me negué a la comunicación), sino que lo hagan sin antes darme a entender que quieren que los escuche. Porque, claro, podrán decirme lo que quieran pero yo no oigo ni papa.

Insisto, no es que al ponerme los auriculares pretenda que el mundo entero deje de molestarme. Sólo pido que, ante la necesidad de decirme algo, no sé... me toquen el hombro, o se paren frente a mi y me hagan una seña indicando la intención. Es sencillito. Si no parecemos todos locos.

En los últimos dos días tuve escenitas ejemplificadoras:

1. Haciendo compras en el super. SOLA. Cuando ando sola, me calzo los auriculares y escucho música. No puedo andar en silencio por la vida, menos aún si estoy sola. Por allá un pendejito, con cara de faltarle un patito de la fila, me habla sin avisarme ni nada, como si hubiesemos estado hablando desde un rato antes y me pregunta sin dejar de husmear en las góndolas:
nene: la polenta, pero no la de 1 minuto, la otra, la más amarilla...
yo: (what?)
nene: sí, la que es más amarilla...
yo: (me saco los auriculares, evidentemente ofuscada, pensando: ¿tengo pinta de repositora yo?) no sé... ni idea.

2. Sala de espera de consultorios varios. Yo, enchufada a los auriculares. Los cables cuelgan delante de mi, ergo, se NOTA que estoy con los oídos ocupados. Minita inquieta con el celular al lado mío, me mira:
minita: (abre la boca y dice algo)...
yo: (otra-vezzz me saco los auriculares) qué?
minita: si estás para el oftalmólogo.
yo: no. (lacónica, la tipa)

Esto me molesta tanto como cuando alguien (generalmente madre o padre, pues vivo con ellos; a la gata aún le tengo consideraciones pues de todas formas no nos entendemos) me habla o hace una pregunta desde otra habitación de la casa cuando yo estoy EN MI PIEZA escuchando música. A un volumen normal, nada de volar pelucas. Bueeeh, quizás unos decibelitos más alto que como lo escucharía alguien no tan apreciadora de la música.

Ejemplos típicos:
Madre que se acerca a la entrada de mi habitación, algo molesta:
- Victoria! te llamé a comer 2 veces!!!
- ma... ¿¿¿no te dije mil veces que si estoy con música en la pieza NO SE ESCUCHA LO QUE ME DECIS ALLA EN LA COCINA??? Vení y decímelo acá. O de última dejá que muera de inanición.

Padre, enojado, parado en la puerta de mi pieza:
- Victoria! ¿¿¿no me oíssss que te estoy pidiendo que vengassss???
- NO!-papá!-no te oigo! ya dije que si estoy con música NO SE OOOOOSSHHHHEEEEE... le explico con suma paciencia apretando los dientes.

Tan difícil es entenderlo?

1 comentario:

  1. Me da a mí que el pendejito de la polenta ( con cara de faltarle un patito de la fila :DDD) te estaba diciendo algo vital que no terminaste de captar. Vuelve y pregúntale.

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