viernes, 3 de julio de 2009

Luz, cámara, al centro y adentro!

Ayer fui al cine. Hacia varios meses que no pisaba un cine (¡desde abril, en Buenos Aires!) con lo que a mi me fascina ir al cine. Creo que queda claro que me gusta el cine. ¿No?

Bueno ayer me decidí y fui a ver Up!, la nueva película de Pixar (excelente y totalmente recomendable). La sala era pequeña, sólo unas cinco filas de butacas, la pantalla ahi nomás tenía. Entré primera y por unos minutos supuse que tendría función privada (hasta me imaginé la banda sonora de Amarcord sonando de fondo para mí y olí el vaso de whisky de Morelli), me elegí la mejor ubicación, bien en el centro, me acomodé a mis anchas, dejé todas mis cosas en las butacas de ambos lados y...empezó a caer más gente. ¡Demonios!. Al diablo mi alegría. Ma' qué función privada ni que ocho cuartos. Terminamos siendo once espectadores en total: primero entró un grupete de tres pibas, que parecían ser hermanas porque a la más chiquita la volvieron loca con el tema sacate la campera, ponete la campera. Luego entró una señora con dos nenes de unos siete años. A continuación, una pareja de adolescentes. Y por último una señora con una nena. TODOS, PERO TODOS, ULTRA MUNIDOS DE ALIMENTOS VARIOS COMO PARA SOBREVIVIR UNA SEMANA EN LA ISLA DE LOST.

Y yo, tan conservadora que soy para muchas cosas, me pregunté, apretando los dientes: ¿en-qué-momento-el CINE-se-transformó-en-un-local-de-comidas-rápidas? ¡DIOS SANTO! Es insoporrrrtable. ¿Por qué la gente tiene QUE COMER como recién dados de alta del hospital DENTRO del cine mientras mira UNA película? Y no es que me moleste escandalosamente por una cajita de maní con chocolate o un paquete de pastillas DRF. No. Esta nueva raza de cinéfilos (sí, aman el cine, sí, seguro) compra esos malditos tarros interminables de pochoclo nauseabundo, bolsas de papas fritas, gaseosas, galletitas. Todo lo cual viene en envases que, al abrirse, hacen ruido, incluyendo la gaseosa.

Tomo como ejemplo puntual a la tarada que tenía al lado mío (la de la pareja adolescente), que además de clavarse un tarro de pochoclos, una paquete de garrapiñadas y tomarse medio litro de coca cola (un sistema digestivo impecable, la muy desgraciada) se pasó la hora y media de película riéndose fuerte y claro cual niño de cinco años, tosiendo abiertamente sin taparse la boca y aclarándose la garganta cada diez segundos. Ensimismada y divertidísima, esha, con la película.

UN ASCO.
Y entre sus cof cof, comentaba "JI JI JI JI, QUE DIVIIIIINO", "JA JA JA JA" ,"OHHH POBRECEEETO". Todo ruido, todo interferencia, molestia. Me saltó un espíritu asesino increíble. Estuve a punto de pedirle
a los gritos que "por favor SE TAPARA LA BOCA PARA TOSER, que si no oyó hablar de la gripe A", cosa que se entere hasta el boletero de la otra sala pero finalmente no me animé. Nunca me animo, me da vergüenza incomodar a la gente (me paso de idiota, sí).

Y la mujer con los nenes (que también morfaban golosinas ruidosas y se trepaban al respaldo de las butacas de adelante) se puso a hablar por celular al iniciar la película. Y todos, casi en sincronía, abrieron paquetes de todo tipo y comieron durante toda la película.

Otro detalle que me hace odiosa para los empleados: el resto del público se las toma, charlando ruidosamente y cruzándose por la pantalla, ni bien aparece la palabra CAST en los títulos finales. Yo me quedo sentada viendo hasta el crédito final último, donde dice el año, la marca de lentes usada (bueno, en una de animación no...) y se apaga la luz de la pantalla. Y miro y los empleados están de brazos cruzados esperando para "limpiar" las butacas con cara de poquísimos amigos.


Sigo preguntándome, cada vez con menos tolerancia: ¿qué es esta nueva moda de cine-pelotero?. Y eso que no fue en un cine de shopping, de esos de cadena Hoyts ni nada. Era un cine de galería de hace cuarenta años, remodelado. Una salita adorable, íntima, con buen sonido, estropeada por esta manga de inadaptados sociales que van a MORFAR como desaforados en lugar de VER una pelicula. Si tienen hambre, que coman antes o después no EN el cine, ¡por favor! Además por otro simple hecho: ninguno de esos inadaptados tiene conciencia alguna de la limpieza. Chorrean, desparraman, dejan tirados todo tipo de restos alimenticios y cuando la gente de la próxima función ingresa a la sala se encuentra con un panorama propio de un basural. Pues los empleados del cine no pueden (ni quieren) limpiar mínimamente.

Está bien comerse unas golosinas para amenizar la película, no lo voy a negar, no voy a ser tan hinchapelotas. Pero en cuanto en los cines se empiecen a vender hamburguesas, panchos y pebetes de jamón y queso, yo voy al INCAA y me encandeno a la reja del frente hasta que alguien me de pelota.

No quiero sucursales de McDonalds. Quiero cines para ver películas, con salas cómodas, limpias, bien equipadas, y también pido un poco de respeto, de ubicuidad.

6 comentarios:

  1. Mil por ciento cierto, Vix.
    ¿Así que Up está buena?
    Yo vi los avances, no me entusiasmaron y mire que me encanta el cine de animación.
    Le voy a dar una segunda oportunidad a esta película.

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  2. jajaja, adherimos en un todo de acuerdo.
    Pero pensá bien: peor hubiese sido escuchar, amén de los ruidos que ya describiste más que bien, el jadeo propio de las parejitas que, más que ir a VER la película, van a HACER la película.
    Tuviste suerte. En nuestra última salida al cine (allá por mayo creo) nos tocaron, una pareja adelante y otra al costado.
    No lo recomendamos.
    Besitos

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  3. Mirá la pagina 38 del Clarín de hoy y suicidate: llegaron los cines donde te sirven comida (jabalí ahumado, lomo al malbec...) durante la función. ¡Tenés un timbre para llamar al mozo! La nota no especifica si te permiten eructar.

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  4. que no me jodan!
    ESO NO ES UN CINE.

    En todo caso será un restaurante donde, de paso, te dan una peliculita, para hacer la digestión.

    No, no. A mi no me joden.

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  5. ¿Y por qué será, Vix, que cuanto más despotricas y sacas las uñas y más te enfureces más me haces reir? El cabreo te hace adorable :P
    Eso no quita para que te de la razón en toooodo lo que aquí criticas. Odio a los que hacen ruido en el cine, en el teatro (aún peor) y, yendo más lejos aún, hasta en los restaurantes. ¿No se han percatado ese hatajo de borregos que con silencio se saborea todo muchísimo más?

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  6. No me molesta que la gente coma mientras sea respetuosamente (caramelos sin papelitos ruidosos, etc., y no en los momentos de silencio).

    Pero me pasó algo muy parecido cuando fui a ver "Up": un grupo de taradas atrás mío que se pasó haciendo los mismos comentarios idiotas que describís, a plena voz, e incluso riéndose en el momento, a mi entender, más triste de la película (sin dar detalles). Sentí tal perplejidad que casi casi les revoleo la bolsa de pochoclos (sí, yo como pochoclo en el cine, ahí lo dije).

    ¡Saludos!

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