domingo, 25 de octubre de 2009

Change we need

Sí, el título del post es el slogan de la campaña presidencial de Obama (me vino a la mente, una vez más, así out of the blue, durante una ducha, qué curioso).
Y me viene al repelete para lo que quiero decir acá, hoy, ahora. Que iba a empezar con un big fat loud "BASTA" pero esa frase proselitista es más positiva, más looking forward, menos pesimista.

La cosa viene de cambios, de muchas ganas acumuladas, de iluminaciones repentinas (o no tanto, quizas sólo fue una cristalizacion retrasada) y de definiciones.

Ya creo que cansé a todos los que me rodean con mis quejas por el nuevo trabajo en la nueva radio. Porque no me gusta, no me propone ninguna actividad enriquecedora, me obliga a hablarle a un vidrio haciendo el papel de la mina con reee pilas y reee onda (a las 7am), durante 5 a 6 horas diarias, estando absolutamente sola con todo y para todo, atornillada a una silla, sin tiempo para sacar ni la cabeza por la ventana para ver si llueve. O para que el viento me despeje la modorra de media mañana.

(por si mi jefe está leyendo esto: no sos vos, soy yo. Quedate tranquilo)

Hace un tiempo me di cuenta que, esto que hago ahora, básicamente me producía una insatisfacción tal que me provocó buscar otros rumbos profesionales, y lo más sorprendente es que no tuve que hurgar mucho, puesto que las opciones salieron a la luz rápidamente, como si hubieran estado hibernando en mi cabeza durante largo tiempo, esperando un chispazo de neuronas que los llevara a la conciencia. Y ahi, páfate: "nena, lo tuyo no es más la radio".

"Lo tuyo, ahora, pasa por otro lado". Y ahí estoy, intentando ordenar ideas y entusiasmo, para encausarlo hacia un camino concreto y -in the best possible scenario- exitoso. O al menos, mínimamente satisfactorio.

Naturalmente la gente que me quiere (sí, hay algunos) o me conoce y estaba al tanto de mis preocupantes 3 años de cesantía, se alegraron al enterarse de que había conseguido trabajo. Pero ni bien yo les informaba que "el nuevo laburo no me cerraba, que no era lo que a mi me gustaba hacer", casi todos me respondieron lo mismo, escandalizados: "¡pero es lo que vos estudiaste!".

Permítanme hacer algunas salvedades.

Primero, no. Yo no elegí ser locutora para hacer esto que hago ahora (las malditas locuciones de turno+operación técnica+musicalización, extensas, agotadoras, solitarias, deprimentes, falsas porque NADIE está de buen humor y con ánimo festivo a las 7am. Nadie. Menos yo).

Yo opté por esta profesión con otras ideas, créanme. Con las ganas de ser parte de un equipo de trabajo, de una mesa compartida, para poder charlar con otra gente, poder equivocarme, reirme, conversar, interactuar. También con la idea de divertirme, de aprovechar la parte lúdica y artística de la radio. Y hasta ahora no he encontrado el espacio para hacer nada de eso.

Ahora, suponiendo que sí, que efectivamente ES lo que yo estudié, ¿eso significa que yo debería dedicarme a hacer locucion por el resto de mis días, cual pena por haber elegido algo fuera de lo común, para lo cual, encima, pagamos (pagó, mi madre) varios cientos de pesos?

No lo creo. De hecho estoy segura que no es así.

Uno, cuando elige LA profesión para SU vida, entre los 17 y 18 años (o a los 20, como en mi caso), lo hace en función de la ignorancia del mundo laboral, propia de la adolescencia, de la ilusión que implica poder elegir finalmente. Y también en función de todo el abanico de opciones que se nos presenta al "liberarnos" del colegio. Elegir por primera vez, dando, también, el primer paso de vida adulta.

A los 17, 18 años, dije, no? O sea, hace más de 10 años. Pasó cierto tiempo. Pasaron ciertas cosas. A mí y a todos.
Y no hay caso. Yo me niego de plano a conformarme con el cansino: "bueno, es un trabajo".

Es un trabajo, sí, pero uno que, como ya aclaré, no-me-gusta. Y no tengo ninguna obligación de decir lo contrario. Punto. Es un trabajo más, que me va a permitir algunos avances interesantísimos, y no precisamente en el camino de la locución, aunque la gran mayoría me diga que es "una buena experiencia". ¿Quiero yo vivir esta experiencia? No sé. La vivo porque asumí el compromiso hace unos meses. Y miro para adelante, claro, mientras puteo por hacer algo que me frustra intensamente y que me obliga a levantarme seis días a la semana a la irrisoria hora de las 5.50am. Eso es un detalle recurrente en muchos trabajos, lo sé. Pero si encima es para encerrarme en un lugar que NO me agrada para hacer algo que me hincha soberanamente la paciencia, la conclusión está bien a la vista.

Hay que cambiar y pronto.

¿por qué?

Porque yo cambié, afortunadamente. Porque el maridaje genético me hizo una tipa MUY culoinquieto, que no para de buscar, y que disfruta de esa constante búsqueda. Y porque no veo motivos para seguir "trabajando" (lo poco que he conseguido so far) de algo que ya no me satisface.

Tengo 29 años y, hasta donde he comprobado, una sola vida para vivir.
Estoy más que a tiempo para pegar un volantazo y encontrar alguna actividad que sí me apasione, tanto que no me importe levantarme de madrugada para ir a laburar o pasarme miles de horas extras encerrada para terminar algo.

"Yes we can", era el otro slogan de Obama, y no es que me haya vuelto pro yanqui ni ultra partidaria de los democrats. Las dos frases se me vinieron a la mente instantáneamente, como los cafecitos con leche que me tomo a diario a las 7.45 en la radio, cuando los Arjonas, Shakiras, Montaneres y LuisFonsis me secaron el lado derecho del cerebro.

Claro que podemos. Cambiar.
Y yo también.

Y no quiero tener que explicarle a nadie más -NADIE- porqué busco otra cosa.

3 comentarios:

  1. Y tenés batería para mucho!
    Muy lindo leerte así Vix :)
    Tenemos que hacernos lugar en el mundo nosotros mismos, y que los demás opinen menos.
    Muchos besos!

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  2. Excelente actitud Vix! Ya está, tenés la mitad del camino recorrido.
    Besos y PILAS!

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  3. No sólo es que Yes, you can, es que ya pronto me veo leyendo posts sobre un nuevo y satisfactorio trabajo. Ya lo verás.

    PD. Somos legión los que no trabajamos en aquello para lo que estudiamos. ¿Y qué?

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