lunes, 13 de julio de 2009

Al horno

Después de varios intentos con exitosísimo fracaso, ayer por fin preparé y horneé un budín y no sólo me salió rico sino que luce muy bien. Hago esta aclaración puesto que, últimamente, mis productos gastronómicos recibían comentarios diversos, que fluctuaban entre los "bueeeeno, pero de sabor está riiico" y los "al menos de afuera se ve tentador", suposiciones que se comprobaban falsas al instante de probarlos. Y no porque fueran preparaciones ultracomplejas ni que yo sea una completa inútil en la cocina (bueno, eso aún está por verse). Realmente no sé qué lo causó pero tuve una seguidilla de mediocres resultados que me llevaron a creer que, definitivamente, el área culinaria no era uno de mis fuertes, ni siquiera uno de mis débiles. Quizás la falta de práctica, de organización, de viveza criolla, de kilos, qué se yo...

Como la esperanza es lo último que se pierde, dijo algún idiota optimista, aposté por una receta - algo inexacta, a decir verdad - de budín de naranja y harina de algarroba, a ver si recuperaba la fe en mí misma y ahí me vi, entusiasmada, batiendo claras a nieve, tamizando harinas, enmantecando un molde, separando yemas de claras, rallando cáscaras de naranja, cosas que, en su mayoría, jamás había hecho.

Descubrí que el fracaso o éxito de cualquier preparación descansa en gran parte en el humor que uno tenga en ese momento. La baja expectativa reinante y cierto relax autoinducido fueron propicios para un happy ending.

Pero, aún así, con tantos factores a mi favor,
sigo teniendo un asuntito que me juega en contra: no consigo retener recetas en mente. Soy un desastre. Ni de comidas saladas, dulces, agrias, ni fu ni fa, nada. Siempre pasa que en alguna reunión familiar se me da por elogiarle la torta a la anfitriona y ahí, ¡zas! me quiere dar la receta: "nuuu, es facilíiisima, vos ponés 200 de harina, 75 de azúcar, 3 huevos, mezclás todo bien, amasás, estirás..."

- estemmm...¿cuánto de harina dijiste? ¿y leche? ¿cuánto de leche? ah, no, ¿leche no? ¡huevos era! sí, eran dos, ¿no? ah, tres, ajá. Y lo proceso. ¡Ah! no no no, ok ok, lo mezclo, listo...

A los dos minutos me olvidé las cantidades, los ingredientes, el proceso. Todo. No te retengo una receta de tres elementos ni con esfuerzo. ¡Y no sólo eso! Aunque tenga la receta frente a mis ojos, debo volver UNA Y OTRA vez a leerla pues no logro hacerme la imagen de esas tres cosas (que suelen ser siempre las mismas, gramos mas, gramos menos) juntas. Sospecho que la sección abstracta de mi cerebro necesita un update de controlador. No hay caso. Me choteo como la más inútil. Y regreso a la hoja: "ajá, mezclar 2 yemas, 120 de azúcar y 75 de manteca. Ok. Ahí vamos... las dosss yemassss...la manteca....uh ¿qué seguía? a ver, taqueloparió, aaah el azúcar, sí...azúcar era...uf, ¿cuánto era?...ah, sí 120, ok... mezclo todo..mjm...¿¿y ahora qué seguía??".

Todo lo cual hace que una preparación simple de veinte minutos a mí me lleve, como mínimo, CUARENTA minutos y un repentino cambio de talante que no beneficia en nada a la tarea.

Ya me resigné. No soy buena para estos menesteres y no reencarnaré en Pamela Villar en mi próxima vida pero me gusta probar y sorprenderme, convidar y morfar también, ¡claro!, porque al fin de cuentas, soy una golosa empedernida y si sigo siendo flaca y tengo la suerte de no cruzarme con ningún grado de diabetes, seguiré devorando cosas dulces (propias o ajenas, caseras o compradas) por el resto de mis días, soportando la cochina envidia de parientas, compañeras, amigas y gordas.

4 comentarios:

  1. No hay que escuchar los comentarios. Todo es ensayo y erro. Una aclaración es Pamela Villar y te podrías postear la receta del budín de algarroba y naranjas. Amo la algarroba...

    ResponderEliminar
  2. Tenés razón, Pamela Villar!. Sí.

    La receta? mmm, no, no te lo ganaste Anónimo. No me gustan los anónimos.

    ResponderEliminar
  3. Harina de algarroba, es lo que comía cuando tenía hepatitis, lo más parecido al chocolate.
    Yo cocino muy bien (ejem) platos salados, pero los dulces son un desastre, y como antes no me pasaba esto decidí que es el horno que es una mierda y me hace la vida imposible, si señor. No tendrás un horno de mierda vos también?

    ResponderEliminar
  4. Precisamente, nuestro horno es un enemigo público. Cocina pésimo pero preferí obviar ese detalle para que no me acusen de justificarme con nimiedades.

    La harina de algarroba bien puede pasar por cacao en polvo. Luce y huele igual.

    El budin estaba riquisimo, ya pasó a mejor vida intragástrica.

    ResponderEliminar