jueves, 9 de septiembre de 2010

Odiseo...sos un poroto, sos

(vaya, un mes sin postear...es algo pero bueno, tuve mis motivos para no estar justamente motivada, motivos relacionados con cierto cooler que no llegaba y cierta escasa paciencia por parte de quien les escribe, ejem)

Les cuento una aventura.
Hace como 20 días me gané un premio en un sorteo que hacía una diseñadora gráfica. En esa cantidad de blogs que frecuento a diario, se estila, una vez por semana, realizar un sorteo (giveaway, les dicen) entre los lectores. Y resulta que yo, con mi poquísima suerte, resulté ganadora, vaya uno a saber cómo. La cuestión es que me hice feliz poseedora de un set de bussiness cards con diseño a elección. Una vez que la chica confirmó que las había despachado, desde Filadelfia, USA, valga la aclaración, me dispuse a esperar su arribo. Miraba todos los malditos días a ver si el cartero me las traía y nada. No sabía yo cuántas serían, si 10, 20, 50 o 100.

Unos días después el cartero llegó pero trayendo un aviso. Como el envío era una encomienda internacional, había pasado por la aduana y yo debía retirar el paquete en el correo de Bahía Blanca, puesto que en mi ciudad no hay oficina de aduana. Somos poquita cosa. El aviso sólo decía que el paquete provenía de USA, sin más detalles, por lo cual yo supuse que serían las tarjetitas ganadas. Entonces, una mañana siguiente (tenía que ser de mañana y dentro de los 4 días posteriores a la entrega del aviso si no me empezarian a cobrar por almacenamiento, ajá) fui al correo de Bahía.

Por supuesto, el cartero de mi ciudad no había sido bien claro. Yo tendría que haber avisado previamente a la sucursal de Bahia para que me tuvieran listo el paquetito. Porque era eso. Una cajita del tamaño de una tarjeta de contacto (o como sea que le dicen acá). Ergo, tuve que ir yo misma a la oficina de la Aduana a retirarlo. Y todo gracias a que el empleado de encomiendas internacionales fue super gaucho conmigo, porque de otra manera habría tenido que volver otro día. Me hizo dejar el DNI, me indicó dónde y cómo (en la misma manzana a la vuelta) y me entregó la caja que los de Aduana abrirían frente a mis narices para, finalmente, entregarme la mentada cajita de bussiness cards. Por fuera no constaba ni remitente ni qué era ni, principalmente, cuánto me había costado. He ahí la clave.

Ese día había un viento molesto y un frio invernal nada recomendables. Yo hice todo el trayecto pensando: "dios mío...taaaanto lío por unas tarjetitas que encima ni siquiera compré...me van a volver loca".

Al entrar me choqué la puerta y el empleado me preguntó: "¿qué te pasó?" con una falsa preocupación sobreactuada pero lo ignoré. Cuando me tocó mi turno, el mismo tipo, que ya había pelado su pose "empleado ortiba de la aduana" miró que yo iba con la caja en la mano y me espetó: "¿vos sos de la zona?". "Sí, vengo de Punta Alta, en el correo me dieron esto y esto, dejé mi documento y me dijeron que ustedes acá me daban el contenido de este paquete".

Acto seguido el señor uno, con actitud policíaca, tomó un cutter y abrió la caja, mientras me preguntaba: "¿qué es esto?". "Y...yo creo que son unas tarjetitas personales, que me gané en un sorteo", dije yo con mi más pueblerina inocencia. Aparentemente, mencionar las palabras "gané" y "sorteo" en la oficina de la Aduana hace que una sea considerada inmediatamente sospechosa de tráfico de drogas duras o una avivada. Yo jamás había recibido encomiendas internacionales ni había comprado cosas que hubiesen pasado por Aduana. Honestamente, estaba más perdida que turco en la neblina y desconocía todo trámite que allí se realizara. El tipo insistía en revisar la cajita, la abrió de mala gana, la vació, sacó las 100 tarjetitas, la miró de adentro y de afuera, buscándole recovecos. Yo realmente las había ganado en un sorteo pero ahí les gusta hacerle pagar a la gente y desconfiaban de mi versión real de los hechos. Cuando el tipo se convenció de que no estaba traficando nada y de que no le quedaba otra que creerme, me hizo llenar unos papeles y me informó que no tendría que pagar nada, que la franquicia anual estaba cubierta (¿?) y que lo iban a ingresar como "tarjetas personales". Ajá. "Es que eso son", pensaba yo.

Tuve que esperar otra vez mi turno, en el otro escritorio, para que el otro señor, que parecía agobiado y más perdido que yo, me hiciera firmar otros papeles y preguntara mis datos y qué se yo qué más. Mientras, me entretuve mirando qué iba a buscar el resto de la gente. Un pibe que se había comprado un par de zapatillas importadas. Una mujer que había comprado ropa. Otro que recibía una caja con ropa usada y libros procedente de Suiza. Otro con alguna cosa de electrónica que no distinguí. Todos pagaban el 50% del total de la compra. Y yo, ahí sentada, con mi cajita-de-tarjetitas-de-arriba. La última mujer que atendieron también estaba retirando algo que era sorpresa, un regalo, aparentemente. Cuando lo abrió, descubrió que era una lechuza de plástico. La mujer, toda divertida y con algo de nervios también, le explicó al tipo: "¡ay, ja ja, es que yo colecciono lechuzas y él me envió una!". El bicho en cuestion era de plástico pintado y media unos 45 cms de alto. Y en inglés decía claramente "scarecrow owl". O sea lechuza espantapájaros. Pero la señora y su marido no repararon en ese detalle y estaban chochos de la vida de tener otra lechuza, tamaño real (y mas también), para su colección.

Llegó mi turno. El señor dos no estaba al tanto de lo que el señor uno había decidido y me insinuó que yo iba a usar esas tarjetas "para hacer negocios". "¿Cuál negocio? ¡si no dice ninguna profesión! son tarjetas de contacto, que me gané en un sorteo", le informé. Las miró y confirmó lo que le había dicho. Se tuvo que tragar su gesto altanero. "Pero vos me dijiste que eran tarjetas de negocios", se justificó. "Bueeeeno, como se les llame, en inglés se llaman bussines cards, acá serán personales, de contacto". Mipaciencia empezaba a menguar. Con lo confundida que yo estaba, me dio la sensación de que me iba a hacer hacer pagar, porque yo seguía sin entender el asuntito ése de "la franquicia anual" y ninguno de los dos se dignaba a explicármelo, suponiendo que todos sabemos lo que es.
Despues de otra escenita en la que señor uno gozaba de mi ignorancia, me entregaron las dichosas tarjetas, que a todo esto, son preciosas y vienen en una cajita idem.
Conclusión: No tuve que pagar nada. Me fui sin saber qué era ni cómo funcionaba eso de la franquicia, pero con la cajita de tarjetas en la mano. Y con un post bajo la manga.

4 comentarios:

  1. Me da miedooooo!!!! No voy a participar en mas giveaways internacionales!!! Mira si me tengo que ir a 120 km a buscar una cosa....!!!!
    Divinas las tarjetitas!!!!! Me alegro de q todo haya salido bien!!!!

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  2. si, yo después de ese suceso, entré en panico porque me habia metido en 800 giveaways... lo peor no seria ir al lugar sino tener que GARPAR por algo que postamente una se ganó en buena ley! pasa que hay que avisar al que envía para que no lo mande como objeto comprado... medio complicado. mejor ni ganar, no? es lo que mas facil me sale :P

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  3. a mi me pasó algo similar, con una "biblia en griego" que había pedido en un sitio de regalos y muestras gratis. y me hicieron el mismo lio parecer narcotraficante o que se yo... al final no me cobraron nada y la biblia la regalé :P

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  4. Muy buena tu odisea...imaginate si fuera en EEUU que hasta te hacen sacar los zapatos para pasar por la aduana, te imagino descalza esperando unas tarjetitas.
    Lástima que no podías sacar fotos para ver las caras de los señores 1 y 2....ja,ja,aja,ja

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